Un poco de Historia… Capitulo primeroDudosas orígenes de Parangolé
Se cuenta que Parangolé nació del encuentro fortuito de una sombrilla china con un tiro de esquina. Corría el año 1964 y el Maracaná estaba repleto de una multitud ruidosa, sudada y sedienta de cerveza y de goles. Los brasileros estaban de goleada frente al catenaccio de los italianos, reducido más bien a un colapasta. Al 92` del partido Cesarini Armando, mediocre volante izquierdo en la cancha y discreto coleccionista de mariposas por fuera, trató remedar la situación con un improbable tiro de esquina estrábico y estrambótico, que terminó por carambola en plena tribuna de honor. Futbolisticamente hablando, una pésima figura. Pero sin proponérselo, el gesto atlético de nuestro buen Armando dio las navidades al mítico Parangooool, por los amigos Parangolé. El balón, cómplice la brisa tropical y la mano invisible de alguna benigna divinidad local, fue a parar en el elegante paraguas de una señora de la alta coturnia carioca, de buenos modales y capa caída. Entre el clamor de los presentes, no acostumbrados a tanto atrevimiento, el semen fecundo de la pelota se insinuó entre la intimidad de los alambres de la sombrilla, dejándola irremediablemente preñada.
El Cesarini, clásico ejemplo de paternidad irresponsable, fue a ducharse para quitarse de encima el sudor de la derrota y las fatigas agónicas, sin ni siquiera tomarse el trabajo de homenajear la doncella en cuestión. Así fue al mundo Parangolé, hijo de un paraguas exótico y de un gol fallido, misterioso engendro de una parábola de ángulo chueco. Parangulé creció sin padre, a la sombra de una mamá demasiado protectora. Fue en esa época de juegos infantiles y pasatiempos inocentes que generó su propia genealogía. Amparado del sol en una piragua del nordeste, el niño cantaba inspirado:
Balón le dio a Sombrillongo
Sombrillongo le dio a Parnangulé
Parangulé le pegó con la manga, le echó burundanga
Les hinchan los pies
Otro niño que pasaba por ahí aprovechó de su andar serendipeando por el mundo, para robarle la merienda. Con prepotencia mandó patas arriba piragua y paraguas, arrancó de las manos del pobre parangulito su hamburguesa de carne humana y se la tragó enterita. Fue así que se conocieron Parangulé y Gargantua, y desde ese entonces se volvieron amigos inseparables, de tripa y de corazón. A seguir: Capitulo 2. De los hechos del noble Parangulé en su juventud